
Las Cooperativas hoy representan una un sector importante de nuestro país y el mundo. La gestión eficiente de las mismas debe estar sostenida en el profesionalismo específico que las nuevas realidades imponen. Las Cooperativas prestan servicios esenciales dentro de sus comunidades, por ende sus dirigentes y/o gerentes deben contar con la preparación adecuada para el ejercicio de sus funciones y conducir con eficiencia y eficacia nuestras instituciones.
Hoy nos encontramos con el hecho de que en la actualidad tanto los dirigentes, como los así también, los gerentes y demás personal con funciones jerárquicas o profesionales dentro de las Cooperativas, toman acciones que modifican patrimonialmente a dichas instituciones teniendo en cuenta el impacto que ello implica. La formación profesional específica resulta imprescindible para la correcta toma de decisiones.
Para afrontar dichas situaciones es necesario contar con todas las herramientas disponibles para optimizar la gestión de cada una de las personas involucradas.
La actividad económica ejercida por las Cooperativas a lo largo de los años ha funcionado como un regulador natural entre la sociedad y las corporaciones. Las reiteradas crisis del sistema financiero y económico del país han sido amortiguadas por la Economía Social practicadas por el cooperativismo.
Es imperioso que la actividad que hoy ejercen las Cooperativas, en el marco de la Economía Social, tengan una formación específica que establezca claramente los fundamentos de la eficiencia en el ejercicio profesional. Los tiempos actuales y venideros demandarán, por parte de las Cooperativas, ejercer sus actividades con la mayor rigurosidad en la administración de los recursos para conservar la salud y fomentar el crecimiento de las mismas.
Las cooperativas han surgido en época de crisis y han demostrado capacidad para resolver problemas que no pueden superar las empresas capitalistas ni las empresas del Estado; las primeras por responder a una lógica de maximización del lucro susceptible de conducirlas a excesos que provocan consecuencias negativas para la economía en su conjunto y las segundas por su naturaleza burocrática ligada a los gobiernos que las lleva a priorizar objetivos políticos ajenos a la sana administración y al propio interés de la ciudadanía. Por ello, se ha considerado a las cooperativas como formas empresariales intermedias capaces de equilibrar los comunes excesos de ambas. (Política y Cooperativismo; Luis E. Levin 2016).
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